La historia de las fallas, la historia de La Lola

29
Feb
2016

– ¿Cómo me había quedado -otra vez- sin batería?- Pensé, tras mirar la pantalla apagada del móvil.

Lo guardé en el bolso, saqué mis gafas de sol, me ajusté el sombrero, y me pinté los labios mirándome en el espejo retrovisor de una vespino. Una vespino T.

 

-Igual que la que tenía Carla. Joder, Carla, ¿dónde estará?- me pregunté, mientras cruzaba el carrer de Dalt, caminando hacia el Refugio.

Escuché al fondo el sonido de la vespino en marcha, y ahí estaba: Carla.

– ¡Qué alegría! ¿Qué haces aquí? te creía fuera…

Carla había venido a pasar unos días de fallas a Valencia. Su vespino, estaba guardada en el garaje de su padre, el mismo donde habíamos dormido muchas fallas atrás; para luego despertar a escondidas, para ir a la Mascletà, y que ni sus padres, ni los míos supieran nada. A ellos les decíamos que dormíamos en casa de la prima de Carla.

– ¡Pues, ella viene a la comida!

– ¿En serio? ¿Qué pasa estas fallas?

Seguimos hasta llegar al Carrer Sant Miquel, cruzamos para que Carla viera el mercado, llevaba tanto tiempo fuera que no había visto las cosas nuevas del barrio, nuestro barrio. Las calles estaban abarrotadas de gente, niños, ancianos, jóvenes, falleros, “guiris”. Las fallas estaban ya montadas. Y ese olor…

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– Pues pasa que estamos todos deseando un reencuentro y parece que necesitamos una excusa

– Joder, cuando Luis te vea…

Estábamos por la calle Caballeros cuando escuchamos la mascletá. Con la tontería del móvil se me había olvidado. Estábamos paradas como dos bobas escuchando el sonido ahogado entre los edificios, cuando escuchamos los gritos de Vicente:

– ¿Pero tú de qué vas, de Wally?

– ¿Has hablado con la Prima?

Mierda, la ofrenda, se nos había olvidado por completo. Y ahí nos encontramos, en la plaza de la virgen mirando como montaban a la virgen, ante el asombro de los turistas. Dimos la vuelta por detrás para salir por la plaza del Negrito y Corretgería.

– ¡Rosita Amores, Brava!

Metimos un poco el turbo, yo llegaba tarde y Carla y Vicente me seguían un poco por detrás, como siempre. Me acordé de aquella Nit del foc que se me jodió el coche y me tocó ir al día siguiente a buscarlo con ellos dos, qué desastre. Pero qué divertido.

– ¡LOLA! ¡CARLA! – gritó toda la terraza al unisimo.

– ¿Oye a mi que pasa que me tenéis muy visto?

Y ahí estábamos todos, como si no nos hubieran pasado fallas y fallas por encima, sentados, esperando una paella, con la mejor compañía, en nuestra ciudad, nuestra fiesta… y lo más importante: en el mejor lugar, el nuestro.

No serían las mismas fallas sin La Lola.

 

La historia de las Fallas, la historia de La Lola. Felices Fallas a todos 😉

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